Sergio Pardo








DE ESPÍRITU HERIDO COMO TEMPLOS EN RUINAS

Eterno aprendiz en el mar de la vida
como un sucio perro lamiendo su herida,
cabello canoso mal engominado,
mirando hacia atrás, sin mirar al pasado.

Un tercio en silencio, dos tercios restantes,
brindando a la nada en eternos instantes,
tragando saliva ante el breve futuro,
dejando mi estampa perpetua en un muro

que no es de vergüenza ni lamentaciones.
Es tan solo el muro de mis narraciones,
de los versos mudos que plasmo en papel,
de palabras tristes que amargan la miel.

Mi sombra sombría irradiando la luz
perdida en la noche de mi juventud,
mi triste figura no es la de un hidalgo.
Un cero a la izquierda, eso es lo que valgo.



Tan breve

Acabo de descubrir tu obra,
y me fascina.

Lamentablemente
voy a dejarla de lado,
pues tantas similitudes
literarias nos acercan
que, a pesar de que fue ayer
cuando nos conocimos,
temo que nos señalen
con el dedo acusador del plagio,

aunque yo lo consideraría,
más bien,
una interconexión extraordinaria,
de pensamientos,
de plumas,
de almas.

Aun así,
Solo me queda decirte:
Encantado de conocerte.
Espero que no te importe
ser amigo de los ácaros
en el estante de los libros olvidados.

Fue un placer,
tan breve
como inolvidable.

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